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Sobre el Suicidio




Prevención del suicidio

Introducción a la suicidología

Prólogo
La problemática del suicidio tiene importante incidencia entre la población, observándose a la vez una disminución en la edad de los sujetos para las tentativas de suicidio. Considerando que los eventos de parasuicidio incrementan dramáticamente el riesgo de un futuro desenlace suicida, es menester abordar ya desde temprana edad todos aquellos aspectos que atañen al tema. Familia, sociedad y fundamentalmente la preparación del propio individuo, parecen ser los canales más eficientes y eficaces para el tratamiento del riesgo suicida. Al considerarse el suicidio un perfil de la salud pública, éste debe estudiarse en el contexto de las instituciones, pero no exclusivamente de las sanitarias, sino además de las culturales, deportivas, sociales y académicas, sin olvidar la potencia de penetración de los medios de comunicación. La experiencia en la labor con parasuicidas, nos ha permitido establecer criterios para identificar perfiles y repertorios conductuales comunes en diferentes grupos poblacionales; no obstante, el dato de la realidad más concluyente es la especificidad de la problemática según la persona afectada. El trabajo en el marco del sistema de emergencia telefónica, aportó elementos comunes manejados en el ámbito cognitivo por estas personas y facilitó la generación de estrategias comunes de abordaje que son las que se tratarán en este escrito. La intención esencial es dar inicio a futuros trabajos más exhaustivos, con referencia a los diferentes grupos por edades, sexo y alternativas sexuales, incidencias psicopatológicas, culturales, religiosas, etc.. Interesa hacer un aporte hacia la prevención del suicidio basada en el ámbito de la comunidad, en el circuito que creemos en sintonía con otros estudios, el más efectivo, esto es, a) atención telefónica de crisis, b) educación social, docentes, maestros, padres, etc., para la identificación primaria de los signos de alerta, c) control de métodos (armas de fuego, fármacos, etc.), d) prospección de casos de intentos o riesgo entre la población adolescente y joven, e) apoyar, asesorar y acompañar a los medios de comunicación para minimizar los riesgos de suicidio por modelaje o imitación y f) formar más profunda y ampliamente a los profesionales de la salud sobre la temática. Espero que el presente material acerque elementos para la comprensión y tratamiento del tema en cuestión, que sirva a legos y expertos, padres, docentes y comunicadores en aras de un combate frontal a lo que puede considerarse un flagelo social de nuestro tiempo.

Agradecimientos
Este material no estaría en conocimiento público si no fuese por la actuación de una rica lista de personas, empresas e instituciones. Sin aquellos que apoyaron desde un principio el programa “0800-4545 Urgencia Telefónica al Emergente Suicida” para que este fuese una realidad y los que luego de su puesta en marcha, pusieron a andar su compromiso y alcances de toda índole para llegar a la mayor cantidad de personas posible en todo el territorio nacional. El agradecimiento entonces a la Administración Nacional de Telecomunicaciones – ANTEL, que nos apoyó subsidiando una buena parte del costo de las llamadas que recibimos y en especial al Director de la Oficina de Relacionamiento con la Comunidad de este ente, el Ing. Daniel Iglesias. A Juan José Guasque, quien generó el paso inicial para hacer realidad el Servicio. A Juan Andrés Viña Cayafa, un verdadero artesano de las comunicaciones sociales quien, con su desempeño desinteresado llevó al 0800-4545 al conocimiento público y hoy día mantiene ese esfuerzo y motivación. Entre los profesionales que apoyaron este emprendimiento, deseo expresar el valor en la labor de la Psic. Daniela Ciccariello , una de las primeras en prepararse y disponerse a cumplir con las guardias telefónicas. Y en especial, un reconocimiento y dedicatoria de este material a la Psic. Elsa J. Barrales Ferreira, quien en todo momento inspiró, asesoró y llevó adelante lo necesario para que el salvataje de tantas personas fuese posible; su fino manejo de los perfiles psicopatológicos, su perseverancia y esfuerzo son la base de la permanencia y eventual éxito del programa que ejecuta ANDAR ONG.

Introducción

Entre las múltiples vicisitudes que vive una sociedad, su dinámica cultural y económica, el juego diario de cada uno de sus individuos dentro y fuera de su contexto familiar, social, laboral o académico, la problemática suicida, se presenta como un aguijón que suele conmover todos los estamentos de la sociedad.
El suicidio es una de las causas de muerte más frecuente a nivel mundial, con especial incidencia entre la población adolescente.
Según datos estadísticos de la OMS se estima que 1100 personas se suicidan cada día.
En Europa y América del Norte el suicidio figura entre las 5 y 10 principales causas de muerte..
En el Uruguay, según las últimas mediciones, se estima en 1,5 a 2 suicidios consumados por día y entre 10 y 15 intentos diarios de auto eliminación.
Esta situación motivó desde 1991 la generación de programas tendientes a la prevención del suicidio, logrando recién en el 2000 la puesta en marcha por parte de ANDAR ONG de un programa de atención permanente.
El Servicio preventivo se estableció para la atención permanente de todos los grupos sociales, culturales y económicos, pero se generó un programa especial de estudio para los casos que involucraban a niños y adolescentes en virtud del masivo contacto con el servicio de parte de estos grupos de la población
El acontecimiento del suicidio y el parasuicidio adquiere características particulares en la etapa de la adolescencia y por extensión se mantienen durante el período que llamamos primera juventud. Este período lo establecemos entre los diecisiete y los veintidós años, donde el individuo recorre el primer tramo de su desprendimiento de la adolescencia y comienza a transitar con mayor nitidez la confirmación o afianzamiento de sus perfiles cognitivo-emocionales que serán la base primera de su desempeño en la adultez.
Entendemos que todo trabajo de prevención y promoción de estrategias conductuales adaptativas, realizado en esta etapa de la vida del individuo, proporciona un resultado inmediato con respecto a la prevención pero, a la vez, establece las bases preventivas para el futuro desempeño de la persona como adulto.
Veremos más adelante de que manera, los instrumentos y tecnologías conductuales aplicadas, generan a nuestro entender, una base futura de desempeño individual con un margen más confiable de racionalidad, asertividad y técnicas de afrontamiento.
La generación de amplificadores sociales para la prevención del suicidio, acontece al lograr acercarse a ecuaciones claras para el manejo o reconocimiento de la situación parasuicida, de tal manera que la búsqueda y eventual definición de un protocolo básico es crucial para el compromiso de otros actores sociales en la tarea y fundamentalmente a nivel de los grupos especialmente involucrados, como pueden ser los actuantes en el ámbito deportivo o académico.
El presente trabajo, emana de nuestra labor profesional en las clínicas de servicios de salud y policlínicas comunitarias, pero se apoya especialmente en el trabajo realizado a través del “0800-4545 Urgencia Psicológica al Emergente Suicida”.
Este servicio, que comenzó con un subsidio estatal, se basa en una guardia telefónica permanente de psicólogos y psicólogas, que atienden a aquellas personas en situación de crisis. Al ser un servicio de cobertura nacional y gratuito, nos permitió acceder a diferentes niveles sociales, económicos y culturales, con la característica sumamente importante de preservar la privacidad y anonimato de quien hace la llamada.
Brevemente expondremos el por qué esta característica es tan importante, y lo haremos con dos ejemplos bien claros a nuestro entender, lo cual nos clarifica aun más el valor que tiene en estos casos la seguridad de privacidad para otorgarle a la persona el amparo suficiente y hablar por tanto con total libertad y franqueza.
En nuestro país, el servicio telefónico denominado “0800” es gratuito para quien llama y es muy utilizado por empresas como una forma de captación de clientes y ventas telefónicas; no existía hasta entonces un servicio comunitario por este medio. Por ser la llamada de cargo a quien la recibe, el consultante no encuentra en su factura telefónica ninguna mención al número como en el caso de los sí con cargo por minuto denominados “0900”.
Poco tiempo luego de comenzar con el servicio 0800-4545 (gracias al apoyo de la Administración Nacional de Telecomunicaciones – ANTEL) y siendo el primer servicio comunitario con estos fines totalmente gratuito , recibimos la llamada de una señora desde su domicilio que, antes de exponer su problemática y la situación emocional que padecía, insistió en que se le explicara como funcionaba el servicio telefónico y si en su factura no iba a aparecer ningún dato que la relacionara con el servicio. Esta señora, es la esposa de un político conocido en nuestro país, lo que explicaba su insistencia. Al entender la dinámica y características del servicio nos dijo “Bueno, si no, había pensado en decir que había llamado para averiguar por una amiga. Mi marido siempre mira las facturas de teléfono”
Otro ejemplo, una adolescente con intensas y recurrentes ideaciones suicidas nos llama desde un teléfono público (desde éstos la llamada también es gratuita), el disparador de éstas ideaciones era su temor a estar embarazada. Con dieciséis años y con el secreto hasta de tener novio desde hacía siete meses, en un hogar con normas muy rígidas y poca comunicación, su perspectiva del futuro y desenlace se le presentaba caótica. Si en la factura de teléfono hubiese aparecido el número al que había llamado, generaría un “desastre” según sus palabras.
La llamada desde el teléfono público fue entonces una exploración; luego volvió a llamar más tranquila y cómoda desde su dormitorio.
Nuestro eslogan en la folletería del servicio “Antes Llama, Total No Cuesta Nada”, le permitió un giro más popular al tratamiento del tema, puesto que además al ser una institución civil, no encierra o genera los temores de acercarse a un servicio de salud público o privado y mantiene la siempre presente prerrogativa del anonimato.
Lo anterior permitió una inserción rápida en la comunidad, por lo que a menos de un mes de vida pública, recibimos sesenta y cinco llamadas serias entre el viernes en la tarde y la madrugada del domingo desde diferentes puntos del país. A partir de este hecho, solicitamos más líneas telefónicas para integrar el colectivo del 0800-4545.
Esta comunicación con personas en plena crisis algunas y otras en la instancia primaria de las ideaciones suicidas, sumado a las charlas y talleres que comenzamos a ejecutar por diferentes localidades de nuestro país, en liceos, centros comunitarios, etc, nos permitió ir generando un perfil de estrategias de abordaje más efectivo y por tanto más rápido en la situación de crisis.
Este trabajo entonces, se basará en estas experiencias y en lo que entendemos una suerte de denominadores comunes actuantes en la situación suicida.
Nos detendremos en los diferentes facilitadores de la tentativa suicida y en las estrategias de abordaje que nos ha permitido mejorar el tratamiento de la problemática en cuestión y, como decíamos al principio, enfocaremos el tema especialmente en la situación disparadora, constituyéndonos en sus perfiles especiales y por tanto su tratamiento particular. Adicionalmente, considérese que no en pocos casos, se obtuvo entrevista personal con los consultantes telefónicos, ya que estaba previsto por el servicio, otorgar una orientación personal y presencial también sin costo para quienes lo solicitaran. Este hecho nos permitió profundizar en el conocimiento de causas y en la generación de análisis funcionales de mayor confiabilidad.
Aquí también queremos expresar nuestro interés en no manejar estadísticas que no aporten definiciones claras de acción y desembarquen en meros estudios numéricos del problema. El estudio estadístico puede marcarnos eventualmente la proporción o magnitud de la problemática, pero no nos otorga un abordaje del problema y mucho menos estrategias para el acercamiento a cada individuo en su particularidad.
Como base metodológica, hemos manejado los criterios de definición de modelos de caso único, a partir de los cuales pretender la replicación de estrategias y hallazgos en la intención última de descubrir metodologías más universales que eventualmente colaboren en la generación de programas educativos o comunicacionales.
Acaso entonces, como referencia establezcamos algunos datos numéricos orientadores sobre la problemática.
Según Brent y colaboradores encontraron en pacientes muertos por suicidio, un 22% con trastorno bipolar y un 50% de unipolar. Considera que en adolescentes los principales factores de riesgo del suicidio son la existencia de un trastorno bipolar asociado a toxicomanías, ausencia de consulta profesional y disponibilidad de armas de fuego. Tómese en cuenta que muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión.
El comportamiento de parasuicidio, es decir aquel que no concluye en suicidio, es mayor en porcentaje en mujeres, sin embargo el que sí logra el término de la vida del individuo, es mayor en hombres. Tómese en cuenta la alta incidencia del trastorno histriónico en jóvenes del sexo femenino, el cual puede oficiar de inhibidor final de la consumación suicida.
Sin lugar a dudas el estudio y tratamiento diferencial de la incidencia de suicidio en los diferentes grupos psicopatológicos merece una atención especial pero excede la extensión y parámetros del presente trabajo.
La consumación del suicidio, así como los intentos suicidas y las conductas parasuicidas, generan una alteración dramática en todo el entorno del individuo, involucrando o afectando el escenario social general.
El suicidio como el intento de auto eliminación, generan mensajes, tanto antes como después del acto, se consume o no, sea la intención terminar con su vida o a través del gesto suicida llamar la atención de algún actor del entorno de la persona.
Generar o cuando menos intentar la generación de paradigmas para la detección temprana del riesgo suicida es, sin duda, una prioridad sanitaria tanto como social y cultural.
Entre los efectos nocivos del suicidio, se presenta su riesgo como perfil de modelaje para otros individuos, proponiendo la auto eliminación como un mecanismo para la resolución de problemas que, aunque falaz, en situación de desesperanza puede aparecer como plausible.
A modo lógico de defensa para el efecto de propagación del ejemplo, la sociedad se ha protegido entre otras tácticas, con la no mención en la prensa de los hechos suicidas, mas adicional a sus efectos positivos, deben considerarse otros que no lo son tanto, entre los que llegan a ser abiertamente perjudiciales.
La exclusión del conocimiento público de los hechos en consideración, facilitó paralelamente la generación de mitos y creencias populares en torno a la problemática y promovió entre tanto una serie de disquisiciones teóricas que lejos de promover un abordaje serio, racional y efectivo sobre la problemática, le propuso un velo de misterioso, oscuro, peligroso e incluso inalcanzable para la acción preventiva o de contención.
Es por tanto, la intención de este trabajo, abordar la temática del suicidio desde sus diferentes perfiles, ya sea desde la dinámica cognitivo-emocional del afectado, tanto como del entorno social y familiar, aunque más no sea como primer acercamiento y pauta de sensibilización, promovedora quizá de mayores y mejores esfuerzos.
A la vez, se pretende favorecer la orientación hacia grupos de interesados que, aunque legos, tienen eventualmente puntos incidentales o accidentales con la temática; es así que se establecen algunas pautas de abordaje a la persona tentada de cometer suicidio o en aquellos casos en que la ideación suicida sea evidente.
La orientación hacia el tratamiento del tema por parte de la prensa y otras formas de comunicación es un elemento crucial en las pretensiones de este escrito, puesto que es a mi entender uno de los objetivos esenciales de profilaxis que la sociedad en conjunto puede y debe abordar.

Suicidio, intento de suicidio, parasuicidio

Es un paso esencial el establecer las diferencias básicas entre los distintos comportamientos que, en algunos casos pueden buscar el mismo objetivo abierta o veladamente y en otras ocasiones pueden aparecer como accidentes. Si bien el riesgo de vida puede ser el mismo, la motivación del acto, sus circunstancias y la interpretación que hagamos del mismo puede marcar una diferencia radical a la hora de abordarlo. Por cierto, al hablar de suicidio consumado, nos enfrentamos al hecho en que la persona no ha sobrevivido, el acontecimiento parece haber alcanzado su objetivo. No obstante, cabe considerar otros episodios en que la persona pierde la vida y que los tildamos de accidente cuando, al no conocer la situación emocional del individuo previa al hecho, ignoramos las circunstancias generales que patrocinaron el episodio. Para comprender un episodio y establecer contingencias adecuadas, resulta muy efectivo desarrollar algunos de sus perfiles; he aquí entonces, las primeras diferencias ha tomar en cuenta en las consideraciones del acontecimiento suicida. Se llama “intento suicida” o “intento de auto-eliminación” (IAE) a toda acción auto lesionante (ejecutada por la propia persona) que pone en riesgo su vida y que no ha llegado a la muerte por diferentes circunstancias. En esta categoría, en principio, podemos establecer diferentes perfiles, puesto que, podemos tildarlo de “suicidio frustrado” cuando ocurren acontecimientos no previstos por la persona y que impiden el objetivo buscado, con lo que podemos establecer que ha sobrevivido contra su voluntad. En tal situación de intento frustrado, puede ocurrir que la persona considere la posibilidad cierta de que ocurra algo que salve su vida, con lo cual estamos ante un caso de “gesto o simulación suicida” que, sin ser menos grave por el riesgo de vida, nos lleva a una consideración diferente en las motivaciones del individuo. El gesto o simulación suicida, suelen tener el objetivo último de configurarse en un llamado de atención para los demás, aunque esto, reitero, no le quita gravedad al episodio. Un ejemplo claro de este tipo de simulaciones es la de aquella señora que primero llamaba al servicio de Emergencia Médica Móvil y luego se infligía cortes en la muñeca (tampoco demasiado profundos). Es fundamental insistir en el hecho de que la conducta auto lesiva existe de todas formas, lo que ya en sí reviste gravedad y agrega un antecedente que más adelante será tratado específicamente. Por lo anterior entonces y, antes de avanzar en la clasificación y terminología, establezcamos ya el estudio del IAE (Intento de Auto Eliminación) según tres variables que, pueden favorecer nuestras pautas de esclarecimiento del hecho: 1- La letalidad del método: nos referimos al método utilizado para autolesionarse.
Entre los diferentes métodos posibles, grandes rasgos podemos diferenciar entre los letales (armas de fuego, ahorcamiento, salto de grandes alturas, etc.), y los poco o menos letales (sobredosis bajas de fármacos, salto de vehículos en marcha, etc.). 2-Seriedad de la intención. No todos los hechos de auto lesiones tienen por real intención, terminar con la vida de la persona; otras razones pueden haber motivado el acto ,llamar la atención, como represalia, como amenaza o buscando algún otro tipo de ganancia de algún orden, social, político, económico, etc.. Cabe entonces, a partir del conocimiento del hecho, catalogarlo como serio, poco serio o muy serio. 3-Gravedad de las circunstancias : La situación y condiciones en que la persona atenta contra su vida, puede darnos la pauta de la gravedad circunstancial; no será igual si lo hace estando solo y tomando medidas para no ser descubierto o, si lo comete en presencia de otros o en circunstancias que faciliten ser sorprendido o auxiliado e incluso impedir la consumación del acto. De esta forma, la gravedad de las circunstancias y sus condiciones se catalogará como alta o baja. La “amenaza suicida” se configura con un aviso de inminencia hacia la auto eliminación y que puede presentar una acomodación ambiental coherente, por ejemplo una persona sentada en el balcón que expresa que si no ocurre tal o cual cosa, se tirará al vacío. Este tipo de actitudes tienen su objetivo en la manipulación de la voluntad ajena y aunque puede terminar con la vida de la persona, su génesis radica en la consecución de otras metas que no son la muerte. Considerando los elementos anteriores, pasemos a las situaciones tildadas comúnmente de “parasuicidio” y sobre la cual, quiero plantear un matiz que no siempre es tenido en cuenta o claramente establecido en otros estudios.
Es común tildar de “parasuicidio” a todo acto de autolesión ejecutado deliberadamente por la persona y que no llega a consumarse en la muerte; es decir, si el individuo muere, es suicidio, si salva su vida por la razón que fuere, es parasuicidio. En este aspecto estamos usando “parasuicidio” como sinónimo de “intento de suicidio”. No obstante compartir esta terminología, entiendo que se deja de lado toda una serie de repertorios conductuales que provocan autolesiones, que ponen en serio riesgo la vida de la persona y que no es posible establecer a ciencia cierta el grado de intencionalidad del acto. En este sentido, tenemos una amplia gama de conductas que solemos llamar de “irresponsables”, “irracionales”, faltas de consideración en las consecuencias y que por lo general son las que promueven lo que muchas veces en la prensa conocemos con el título de “accidentes”.
Pongamos un ejemplo.
Conocemos por el medio que sea, que un individuo se disparó un tiro en la cabeza. Convenimos en que todos pensamos casi automáticamente en un suicidio; ahora bien, más adelante nos enteramos de más detalles y resulta que efectivamente ese fue el resultado último de sus acciones pero, ese señor se hallaba jugando a “la ruleta rusa”. ¿Podemos decir que era un deportista que tuvo un accidente? ¿qué no había previsto la posibilidad de lo que ocurrió? ¿qué estaba seguro que no le iba a tocar a él la bala?. Veamos otro ejemplo.
Un individuo conduce su automóvil por una calle céntrica, no le ocurre ninguna emergencia real que pudiera justificar en algo su apuro, sin embargo circula a más de cien kilómetros por hora en plena hora “pico”; se estrella contra un árbol u otro vehículo y es hospitalizado al borde de la muerte, ¿alcanza con tildar su conducta de “irresponsable” o “inmadura”?, ¿hasta que punto no consideró que eso podía ocurrir?, ¿cuánto llevó de su voluntad y cuanto dejó librado al azar? Los ejemplos anteriores abren paso al criterio de ingresar este tipo de comportamientos dentro del rango de “parasuicidio”, puesto que se conjugan una serie de factores que, si bien trataremos más adelante, corresponden a la titulación de desprecio o falta de consideración por la propia vida. Por lo tanto y en apoyo de lo anterior, ingresamos en la categoría de “parasuicidio” o “intento de suicidio velado” (ISV), todos aquellos actos que en forma deliberada ponen en riesgo la propia vida del individuo y que no se explican por razones ulteriores de mayor peso, como podría ser un accidente sufrido por un conductor de ambulancia que aceleraba su vehículo en socorro de un niño accidentado, por ejemplo. Sin duda, muchos de los “accidentados” debieran recibir apoyo psicológico que lo salven de sufrir más “accidentes” y encontrar las bases de su comportamiento temerario.
Si consideramos que por cada suicidio consumado, se llevan a cabo por lo menos diez intentos fallidos, la magnitud del problema crece dramáticamente. ¿Que decir entonces si a estos números le agregamos un buen porcentaje de accidentes sospechosos de “parasuicidio”? En los casos y terminologías ya descritas, se puede identificar un factor común; elementos que acompañan al individuo durante algún lapso de su vida y se encuentra en su repertorio cognitivo, en su cultura personal; la “ideación suicida”. Tomamos “ideación suicida” como todo argumento de pensamiento sea de lenguaje o imagen que establezca la propia muerte o mutilación como método desestresante; el suicidio como una forma de resolver los problemas, detener o escapar del displacer, amedrentar a otros, etc. Estos diálogos internos, frases o simplemente imágenes, se van generando en la persona como alternativas de acción, las que muchas veces pueden estar marcadas por un comienzo o génesis casi inadvertido, por “cosecha propia” o por efectos del ambiente familiar, social, religioso, etc. Por la importancia de este factor cognitivo en la génesis de los acontecimientos suicidas, más adelante se le dedicará especial atención. Se verá como las creencias y supuestos personales y las fórmulas de pensamiento son determinantes en estos trágicos hechos. No se incluirá en este trabajo otros hechos suicidas relacionados con la religión o la política, suicidios en masa, entre otros, aunque sí se abordará el llamado en algunos escritos como “suicidio racional”, así como el “suicidio asistido”.

El trio perverso

Es común que nos preguntemos como una persona puede llegar al suicidio. Cuales pueden ser las ideas, pensamientos que pasan por su cabeza que lo lleven a semejante desenlace.
Sin duda, conspiran elementos que tienen que ver con la experiencia directa del suicida, con su historia reciente y pasada pero, sobre todo con la historia que él o ella creen que se escribirá hacia el futuro. Una proyección de las cosas que pasarán en el futuro y su situación general en ese futuro.
Es por tanto la desesperanza un elemento de crucial significado en el circuito de la ideación y consumación suicida.
Podemos entonces, adherir a la concepción de la trilogía cognitivo-emocional del suicidio. Los tres elementos encubiertos o sea cognitivos y emocionales que participan son:
A – Una mala, pobre, temerosa, en definitiva negativa visión del entorno. El individuo ve en su entorno solo elementos negativos, peligrosos, desagradables y amenazantes. No logra detectar en su ambiente familiar, social, económico o de otra índole ningún aspecto positivo, puesto que en primer lugar, por su situación emocional, sólo enfoca aquellos que le son negativos. Por otra parte, aquellos aspectos de su ambiente que se presenten como positivos, los “filtrará” por su visión negativa (y luego veremos que también “catastrófica”); la “visión de túnel” es una descripción muy común que puede extractarse de los relatos, la persona ve todo como a través de un tubo, un túnel, sin observar incidentalmente los acontecimientos que rodean esa visión.
B – Mala, pobre, negativa y hasta despreciable visión de sí mismo. El nivel de auto aceptación y respeto se encuentra en su mínima expresión. No sólo intervienen los sentimientos de culpa o remordimientos, se encuentran en este aspecto serias construcciones de auto censura, generación de conceptos sobre sí mismo que lo llevan a tener una auto imagen que llega incluso a ser despreciable ante sus propios ojos. Claro está que es común que “descubran” que esta misma visión tienen de él los demás.
Ya considerando los dos puntos anteriores, podemos observar y veremos en profundidad más adelante cuán lógica y categórica aparece ante su pensamiento la frase “no aguanto más”, “ esto es insoportable”, entre otras no menos típicas pero del mismo tenor.
C – Amenazante, peligrosa, aversiva, negativa e insoportable visión del futuro. Observa el futuro como un escenario donde la situación actual se mantendrá e incluso se agravará con las consecuencias de la situación presente. Lejos de detectar algún sosiego o mejora en su situación, seguro de las malas y peores situaciones que se le avecinan, la “visión catastrófica” del futuro toma visos casi presenciales acumulando más estrés al presente. Se configura un miedo a lo que viene que constituyen el pilar elemental de la desesperanza y la angustia.
Este último punto es de valor radical y en algunos casos (aunque en los menos) es casi el único detonante, en donde existiendo una aceptable visión de sí mismo, ocurre o se plantea la inminencia de un acontecimiento que echará por tierra su imagen ante los demás, su situación económica, amorosa, etc. Y entonces el IAE se detona en la perspectiva dominante de un futuro inmediato trágico o lo que observa como insoportable.

El potencial suicida

¿El suicida tiene razón?
Por un instante logremos colocarnos en la postura de la persona tentada de cometer suicidio.
Si sólo vemos un entorno malo, desagradable y negativo. Si a la vez nos vemos a nosotros mismos como inoperantes, inútiles, inservibles y sin valor alguno. Si paralelamente, sólo observamos un futuro igual o peor, es esperable que deseemos por todos los medios en terminar con tan grande displacer.
Por eso, desde la visión del suicida (ese “túnel”), él tiene razón, no hay otra salida. Desde su perspectiva el desenlace es lógico y además – presupone - comprensible por los demás. De esto último la recomendación entre otras que se darán más adelante, sobre no discutir lo irracional del suicidio con el posible suicida. El llevarle abiertamente a lo contrario en su opinión, lo desembarcará primero en la sensación de no ser comprendido, aumentando trágicamente su situación interior de profunda soledad, mitigando cualquier posibilidad de futuro esclarecimiento de la situación.
Pensemos en una persona que tiene los ojos vendados y por tanto ve sólo oscuridad pero que a la vez no reconoce tener una venda en sus ojos. Para ella, además, sólo la espera más oscuridad y las consecuencias que emanen de ella; peligros y displaceres que a la grupa de su temor y situación actual serán mucho más insoportables que los actuales, y qué decir entonces si ya estos no los “aguanta más” y sobre o a raíz de los cuales además está “desesperado” .
Quien tiene sistemática o accidentalmente contacto con un potencial suicida, debe permanecer en un ámbito racional pero no sin la actitud necesaria para comprender el “mundo interior” de ese individuo y como lo describe; se verá que la comprensión activa o pasiva es un elemento valiosísimo y hasta determinante.
Considerar la perspectiva desde la que la persona esta observando su vida, su entorno, su propia persona y el futuro que se le avecina, es la clave de entrada a una abierta posibilidad de desarticulación del intento de suicidio. Como afirma Beck, la intención suicida involucra en determinado momento, un balance entre el deseo de morir y el deseo de vivir.

¿Es el suicidio un derecho?
No pocas veces he escuchado decir que las personas tienen derecho a terminar con su vida. No pretendo ingresar en aspectos jurídicos, dejemos esa parte a los expertos en la materia. Abordemos aquí los derechos como individuo, como ser humano.
Por los relatos recogidos de personas que han pensado o intentado terminar con su vida, es posible afirmar que rara vez buscan la muerte, esta es una consecuencia de otro tipo de motivaciones; el suicida busca eliminar los problemas de forma rápida y definitiva, terminar con “esta vida” no con la vida en sí.
Los suicidas suelen llegar al desenlace fatal como producto fundamental de una serie de acontecimientos irracionales, a veces con un descontrol de los impulsos y por lo general como resultado de su ignorancia y temor a los cambios y sus consecuencias.
La persona supone su futuro, cree saber con seguridad lo dramático que este será pero, esa seguridad emana exclusivamente de una visión taquitoscópica, parcial y tendenciosa; en realidad, el suicida como cualquier persona ignora el futuro, no puede saber con exactitud lo que ocurrirá, todo lo que va a suceder.
En esta ignorancia, se genera su fundamental incapacidad para tomar resoluciones definitivas puesto que estas muy probablemente no se ajusten a las condiciones generales que se vendrán, por lo tanto su decisión no puede basarse en argumentos real y racionalmente sólidos.
De alguna manera, podemos hacer un paralelismo con un niño que, teniendo los mismos derechos que cualquier ser humano, tiene vedadas una serie de decisiones por no contar con la experiencia, la preparación o madurez suficiente. No dejamos (o no deberíamos dejar) que un niño decida su vida; lo orientamos, apoyamos, educamos para defenderse en la vida y construirla de la mejor manera posible. Reconocemos su derecho a auto dirigir su vida solo luego de que lo consideramos apto, lo que generalizamos a partir de la mayoría de edad. Antes que esto, sus derechos están tutelados. Estamos dispuestos a escuchar sus problemas, deseos y necesidades para apoyarlo. Todos sabemos los dilemas que se generan cuando los hijos van creciendo y quieren empezar a salir solos o con amigos, sin nuestra tutela; comienzan a querer ejercitar su derecho a la independencia.
El suicida se cree independiente pero no lo es, se cree preparado para tomar decisiones maduras pero no lo está, está seguro de tener la única solución posible pero es ignorante con respecto a las alternativas; en este contexto, no tiene derecho a decidir sobre su vida. Si ese derecho fuese real y defendible, la persona no tendría inconveniente en conversarlo con un profesional y luego suicidarse.
Como adición a lo anterior, en muchas oportunidades, se alega que es una forma de liberar a los demás, “soy un estorbo”, “una carga”, es decir, toma en sus manos la solución de los problemas o inconvenientes ajenos.
Si sobre lo anterior, agregamos el efecto nefasto y peligrosamente promovedor que tiene sobre el resto de la sociedad en general y de sus allegados más íntimos, si consideramos el incremento sustancial del riesgo suicida en familiares directos de quien lo consumó, nuevamente llegaremos con facilidad a concordar en que el suicidio no es un derecho, aunque más no sea por perjudicar, atropellar y empobrecer la vida y los derechos ajenos.




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