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Mitos y alertas del suicidio

Mitos sobre el suicidio

Probablemente a lo largo de nuestra vida, escuchemos una serie de juicios, opiniones y análisis en torno a la temática del suicidio y sobre el suicida en general.
El enfoque y los preconceptos que se tenga sobre los mismos, en determinados casos puede auspiciar la diferencia entre la vida y la muerte.
Es por eso importante mencionar e intentar desbaratar algunos de los mitos en torno al suicidio, ya que, aún a riesgo de pecar de insistentes, la reiteración hará sin dudas la diferencia.
Es falso que las personas que hablan del suicidio como posibilidad, rara vez se suiciden. Estas verbalizaciones pueden ser indicadores, advertencias, un indicio de sus intenciones; posiblemente un pedido de ayuda encubierto.
El suicida desea morir. Como ya hemos visto, existen sentimientos ambivalentes entre morir o seguir viviendo. Considerar que quien intenta el suicidio sólo desea morir desalienta el acercamiento a caminos alternativos.
El que intenta suicidarse, siempre pensará en hacerlo. En ocasiones, el suicidio es una respuesta irracional e impulsiva a estresores particulares, coyunturales, momentáneos, pasado los cuales no tiene por que aparecer un nuevo intento. Por otra parte, el apoyo profesional adecuado articulará una situación y cultura cognitiva que puede disipar totalmente los estilos de riesgo.
El alcohol y las drogas no inciden en el suicidio. Está comprobado el alto compromiso entre el alcohol y las drogas para la comisión del suicidio. Tanto el alcohol como otras drogas incide directamente en la contención de impulsos, así como en un manejo o ajuste racional a la realidad.
El intento de suicidio es solo una forma de llamar la atención. Primero pensemos que por algo la persona busca tan dramáticamente llamar la atención. Además, consideremos que la motivación de alertar no aleja el peligro de perder la vida. El comportamiento auto destructivo es en sí mismo grave más allá de su letalidad.
Hablar o preguntar sobre el suicidio aumenta el riesgo. La ignorancia no salva a nadie y un manejo adecuado de la información o la recogida de datos puede no solo establecer pautas serias de trabajo sino a la vez mejorar los elementos de detección, prevención y tratamiento en diferentes niveles de la sociedad.
El suicidio afecta a un solo grupo poblacional. Las motivaciones al suicidio son personales. Como vimos ya, en la observancia de la trilogía explicada más arriba, cada persona puede cumplir con esos criterios de riesgo desde su situación particular. Por otra parte, las estadísticas y mediciones pueden darnos datos de población pero no individuales, es esencial encontrar paradigmas generales para el trabajo en suicidio pero, no existen “recetas” generales; cada individuo es único y valioso en su constelación de vida.
Es falso también que la persona que se suicida ha tomado una resolución cuidadosa para ejecutarlo. Por lo general el acto suicida acontece en un momento de impulsividad, es así que si logra reducirse en algo el dolor y el sufrimiento es probable que opte por seguir viviendo.

Alertas de suicidio

Las personas que ingresan en riesgo suicida o manejan un potencial de ingreso, suelen presentar una serie de signos y factores que pueden despertar el alerta y nuestra atención.
Si bien la lista que sigue no implica un camino inevitable al suicidio, son aspectos que por su dramatización pueden incitar el riesgo y en algunos casos propiciarlo. Generalmente existe una combinación de factores.
Depresión. Trastornos del estado de ánimo en sus diferentes formas.
Trastornos de ansiedad.
Ira, rabia, hostilidad marcada. Explosiones severas de hostilidad, etc.
Aislamiento, soledad. Alejamiento o evitación social.
Trastorno psiquiátrico.
Desesperación o desesperanza.
Comportamiento temerario.
Sentimientos de incapacidad. Auto conceptos de ineptitud o inutilidad.
Pérdida de la capacidad de sentir placer. Goces, diversión, etc.
Sentimientos de profunda culpabilidad.
Insomnio.
Pérdida del apetito. Alteración grave de los hábitos de alimentación, generalmente por disminución seria de la ingesta.
Impulsividad.
Rompimiento de relaciones o vínculos muy significativos.
Embarazo adolescente precoz.
Preocupación por la muerte o la supuesta vida después de la muerte.
Aparición repentina de comportamiento promiscuo.
Consumo de drogas.
Alcoholismo. El consumo de alcohol se relaciona en aproximadamente un 30% de los casos de suicidio.
Abandono de estudios, trabajo, deportes, etc.
Verbalizaciones que impliquen el fin, la muerte o acabar con los problemas.
Pérdida de la capacidad de manejar su vida cotidiana.
Obsequiar efectos personales o fotos de su persona.
Intentos previos de suicidio.
Suicidios o intentos en familiares, amigos cercanos, etc.
Disponibilidad de armas de fuego.
Situación de reclusión o encarcelamiento.
Secuencia de eventos altamente estresantes.
Secuencia de accidentes de variada gravedad.
Diagnóstico de enfermedades terminales o con mal pronóstico.



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